La bolita de Guinness

Arthur Guinness, fundador de esta marca, firmó en 1759 un contrato de arrendamiento por 9000 años con un alquiler de 45 libras anuales, que incluyen el consumo de agua, muy importante para una fábrica de cerveza. Visto lo visto, el contrato les ha salido muy beneficioso.
Tirar una pinta de Guinness no es como tirar una caña normal. La cerveza se tira en dos partes: primero se sirve 3/4 de pinta, se deja reposar durante un minuto o minuto y medio, para que se forme la espuma cremosa, y después se sirve el resto.
La bolita dichosa de la lata de Guinness: Cuando bebes por primera vez una Guinness de lata, te das cuenta de que hay algo dentro. Si abres la lata, encontrarás una pequeña bola hueca de plástico. Está diseñada especialmente para que la Guinness de lata sea igual que la de barril. Si os fijáis bien, veréis que la bola tiene un pequeño agujero. Antes de cerrar la lata en la fábrica, se añade nitrógeno gas a presión, provocando que la bola hueca de plástico se llene de cerveza y nitrógeno. Al abrir la lata, el gas sale por el orificio junto con la cerveza, produciendo espuma, y así al echar la cerveza en el vaso, es como si fuera de barril.



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